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Por qué la radio (casi) no cambia cuando todo cambia

Por qué la radio (casi) no cambia cuando todo cambia

Chelo Sánchez Serrano, Universidad Pontificia de Salamanca

Hace 80 años la radio anunciaba el fin del mundo, o así se lo hizo creer Orson Welles a muchos ciudadanos americanos. Sin embargo, el mundo sigue y la radio continúa informando, formando y entreteniendo a partir de todo lo que ocurre en él, incluso, también, a partir de lo que imaginan los radiofonistas. No resulta fácil creer que un día llegará el fin de la radio. Sí su transformación. Está pasando de hecho con el apagón de la FM en algunos países y con la convergencia digital entre la radio hertziana y la radio online. A la radio, como al mundo, todavía le queda mucha vida, como a los viejos rockeros: no son solo palabras bonitas.

En diez años, de 2008 a 2018 el nivel de penetración de la radio en España ha registrado subidas y bajadas: desde el 53,1% de 2008, hasta el 58,2% de la segunda oleada del EGM de 2018, pasando por el pico del 61,9% en 2012. Queda mucho, eso sí, hasta llegar al 90% de la población, como ocurre en EEUU, donde la radio terrestre sigue estable, mientras crecen la radio online y el podcast. Una tendencia generalizada.

La radio no es un medio de encefalograma plano; tampoco de ascensos vertiginosos ni de precipitadas caídas. En el medio sonoro los cambios se producen en general de manera mucho más lenta, incluso para estos tiempos rápidos, incluso en contra de la aceleración tecnológica. Esa especie de slow life tan radiofónica es una de las características que nos ayudan a entender por qué la radio no cambia (casi) cuando todo cambia, pero al mismo tiempo es muy distinta cada día.

Los “poderes” de la radio

Uno de los poderes fundamentales de la radio como medio de comunicación radica en el sonido, ese elemento que se entiende tan frágil y débil como poderoso (compatible, portable, cercano). Por algo el primer sentido que desarrollamos los seres humanos es el oído: escuchar para empezar a sentir, para empezar a entender.

El otro gran poder reside en la voz humana, que genera conexiones duraderas entre personas y nos iguala en la capacidad para expresarnos.

Esos dos elementos la transforman en instrumento de cohesión social, de participación, antídoto contra la soledad, “medicina” para satisfacer algunas necesidades básicas e incluso en recurso valioso de aprendizaje.

Son los poderes de la radio, que la convierten en algo tan incombustible como frágil: la fragilidad de toda obra humana. Porque la radio, antes que medio informativo, es un medio de comunicación, ubicuo, que contrae un conjunto de relaciones e interacciones con el entorno político, económico, social y cultural de cada momento histórico y participa en su evolución, como escribía el profesor Mariano Cebrián (2012).

Y esos procesos de comunicación en la radio no son solo procesos informativos o de mero entretenimiento: son también procesos de producción de sentido social, de espacio público. La radio como instrumento de poder social en pequeñas sociedades, en contextos muy concretos. La radio, a veces, como poder simbólico, altavoz y ventana, con un papel transformador y dinamizador, como ejemplifican muchas radios comunitarias de Africa, América Latina, Asia o Europa. Incluso la radio como salvavidas. La radio como vehículo de cohesión social, para activar la participación, ofrecer una mirada de barrio, facilitar convivencia intercultural, servir como instrumento de integración.

Hay miles de ejemplos. “El tiempo que pasamos aquí no nos metemos en problemas, subraya Óscar Núñez, un chico de 18 años y origen dominicano. Es el presentador del programa Ondas jóvenes, en el que otros cinco adolescentes ponen voz”, en La Ventilla, Madrid.

Esa función de la radio como integradora, más allá de programaciones y cuentas de resultados, se manifiesta de forma nítida en proyectos de radio terapéutica, como el de Radio Nikosia, o experiencias más recientes como Abejar Radio.

Radio escolar y democrática

Ese poder incombustible de la radio, con sus debilidades incluidas, lo están sabiendo aprovechar muy bien los centros educativos como herramienta para fortalecer y trabajar competencias claves y favorecer la adquisición de nuevos aprendizajes.

Hay proyectos de radio educativa o podcast en el aula por toda España. En Extremadura, que cuenta con la red Radio Edu, la Consejería de Educación y Empleo acaba de anunciar que seguirá impulsando la radio educativa para favorecer la innovación.

Con todo la radio escolar no es un fenómeno nuevo, la radio siempre ha sido considerada uno de los medios más democráticos, y más fáciles de utilizar en el aula, por su fácil accesibilidad, su inmediatez y el bajo presupuesto necesario para ponerla en marcha. De nuevo la radio, el audio en sus nuevos formatos, desplegando sus poderes para ilustrar, acompañar o integrar.

Eso sí, los medios pueden contribuir a la integración, pero también acabar siendo excluyentes si no cumplen bien su función socializadora.

En el caso de la radio española, su gran asignatura pendiente es la inclusión de los niños y jóvenes como parte de ese espacio común de comunicación pública que es la radio y donde de momento tienen escasa representación.

Fancycrave/Unsplash.


El valor de la caricia auditiva

En el año 2011, un estudio realizado por Radio Advertising Bureau, Reino Unido, aseguraba que la radio hacía más feliz a la gente que otros medios.

Pudimos ratificarlo, mediante un pequeño experimento de investigación, en un trabajo presentado por un equipo de la Universidad Pontificia en el año 2015. Entonces comprobamos, como ya señalaba el estudio del Radio Advertising Bureau, que la mayor influencia de la radio sobre la vida de las personas tiene que ver con el bienestar y la felicidad, con la necesidad de sentirse mejor y acompañados en las actividades diarias.

La caricia auditiva para despabilarse”, desayunar y empezar el día con la amiga radio, como calificaba la relación de los argentinos con el medio radiofónico Marina Zucchi (Clarín).

La radio compañera, para no estar solos. Como la que escuchaba Bill cada día y a la que llamó porque se sentía solo tras la muerte de su esposa. Acabó en el estudio, rodeado de llamadas de otros oyentes, una taza de té y un abrazo.

¿Cómo va a morir la radio, o a cambiar del todo, si, además de mantenernos alerta ante el trabajo o el estudio nocturnos, además de acompañar nuestra noche en vela, puede ayudarnos a dormir? Y es que, aunque parezca la antítesis de lo que debe buscar cualquier ejercicio de comunicación radiofónica, en Nueva Zelanda existe una emisora, Sleep Radio, para ayudar a dormir. Un objetivo nada baladí si pensamos que un 15% de la población mundial padece insomnio.

Son tantas las utilidades de la radio como medio de comunicación social en sus diferentes vertientes (medio público, comercial, comunitario, escolar, hiperlocal, online, por ondas, en podcast), que se antoja difícil considerar siquiera que vayamos a dejar morir aquello que nos resulta útil. Ni a dejar morir, ni a cambiar más de la cuenta.

Mientras la tecnología punta de la radio siga siendo la voz (Carlos de Hita dixit), tendremos radio para rato.The Conversation

Chelo Sánchez Serrano, profesora de Radio, Universidad Pontificia de Salamanca

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.